Cómo hidrata una crema y cómo se hidrata la propia piel
¿Qué es la
piel? Un órgano. Y como cualquier órgano, ¿qué necesita para mantenerse
vivo y funcionar correctamente? Nutrientes y oxígeno. ¿Y de dónde proceden? Los
nutrientes, de la alimentación; el oxígeno, fundamentalmente, de la
respiración. Ambos llegan a la piel a través de la sangre.
Pero la piel
tiene una particularidad que la diferencia de la mayoría de nuestros órganos
internos: podemos actuar directamente sobre ella desde el exterior. Y ahí entra
la cosmética. Mediante productos adecuadamente formulados podemos mejorar la
hidratación, reforzar la función barrera, protegerla frente a determinadas
agresiones externas y mejorar su aspecto y algunas de sus condiciones
fisiológicas.
Por tanto, el
buen funcionamiento de la piel depende fundamentalmente de los procesos fisiológicos
internos del organismo, mientras que los cuidados cosméticos externos
contribuyen a mantener y mejorar su estado y apariencia. Es como un coche:
podemos tener un motor perfectamente cuidado y una carrocería deteriorada, o
una carrocería impecable y un motor en mal estado. Una buena alimentación y un
organismo saludable son fundamentales, pero no garantizan el mejor aspecto
exterior; los cuidados cosméticos también importan para mantener la piel
hidratada, protegida y en buenas condiciones.
¿Qué es una crema hidratante?
Es un producto
formulado para ayudar a la piel a conservar su hidratación, principalmente
mediante ingredientes que retienen el agua y reducen su pérdida. Para lograrlo
suele combinar tres tipos de ingredientes:
1. Humectantes: captan y retienen agua
Son moléculas
higroscópicas que captan y retienen agua, ayudando a mantener hidratado el
estrato córneo.
•
En cosmética: glicerina, urea… Esta agua procede
principalmente de las capas cutáneas más profundas y, según las condiciones
ambientales, también puede captarse algo del entorno.
•
En la piel: lo hace principalmente el factor
natural de hidratación (NMF), formado por aminoácidos libres, PCA, urea,
lactatos y otras sustancias hidrosolubles presentes en los corneocitos.
2. Emolientes: suavizan y flexibilizan
Suavizan la
piel, mejoran su flexibilidad y contribuyen a lubricar y proteger la superficie
cutánea.
•
En cosmética: aceites, mantecas y otras
sustancias grasas que mejoran la suavidad del estrato córneo, porque rellenan
pequeñas irregularidades y espacios entre los corneocitos, alisando la
superficie y mejorando su flexibilidad. Según su composición, también pueden
contribuir al mantenimiento de la barrera: por ejemplo, el ácido linoleico
participa en la formación de determinadas ceramidas, esenciales para la función
barrera y para limitar la pérdida transepidérmica de agua (TEWL).
•
En la piel: intervienen dos grupos lipídicos
distintos:
–
Lípidos intercelulares del estrato córneo
(ceramidas, colesterol y ácidos grasos libres), producidos a partir de lípidos
sintetizados y procesados por los queratinocitos: organizan la barrera cutánea.
–
Lípidos del sebo (triacilgliceroles y sus
productos de hidrólisis, ésteres de cera, escualeno y ácidos grasos libres),
secretados por las glándulas sebáceas: lubrican y suavizan la superficie.
3. Oclusivos: reducen la pérdida de agua
Reducen la
pérdida transepidérmica de agua (TEWL) al dificultar su salida hacia el
exterior.
•
En cosmética: determinadas ceras, grasas y otros
ingredientes oclusivos forman una película hidrófoba superficial que limita la
evaporación del agua.
•
En la piel: el sebo forma una película lipídica
superficial con una contribución protectora y un efecto limitado sobre la TEWL.
La principal protección fisiológica frente a la pérdida de agua es la barrera
estructural de lípidos intercelulares del estrato córneo, junto con los
corneocitos. Este mecanismo no es una oclusión superficial: es la propia
función barrera de la epidermis.

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